Notas
sobre Hacia una pedagogía de las diferencias desde los aportes de la propuesta
de Paulo Freire[I]
Históricamente,
prácticas sociales de exclusión,
negación y aniquilamiento del otro diferente constituyeron identidades
desde la deslegitimación y la negación.
La
escuela colaboró en ese proceso de reproducción de la deseada identidad común
y, bajo el lema de la educación universal, promovió la eliminación de las
diferencias, justificando clasificaciones y desvalorizando algunas identidades
que no se adaptaban al modelo propuesto e impuesto. Los argumentos sobre el
respeto y la tolerancia a las diferencias esconden relaciones asimétricas y de
exclusión desde “el prejuicio y la
discriminación que no constituyen sólo un desvío o una patología individual o
psicológica, sino que dependen de categorías y clasificaciones que están
profundamente inscriptas en la historia y en el tejido social”
Las
diferencias fueron asociadas al déficit, a la desviación de la norma
construida, generando sujetos estigmatizados y categorizados, etiquetamientos
que los acompañaron más allá de la vida escolar. Asimismo, las diferencias
fueron analizadas desde un determinismo biológico, como predeterminadas en la
carga genética, indicando en consecuencia circuitos propios de escolarización y
modalidades específicas de intervención, justificados en variadas y rígidas
clasificaciones y rotulaciones. Desde este paradigma médico o biologicista,
centrado en el binomio dicotómico salud-enfermedad,
se generó la patologización de las diferencias, otorgándose al otro identidad
de enfermo, siendo necesaria la corrección de su desviación a la norma. Por lo
tanto, se construyó un sujeto diferente-deficiente,
transformado en objeto a ser curado.
En
los últimos tiempos, bajo discursos aparentemente progresistas, el argumento
sobre las diferencias ha sido y es
sutilmente reemplazado por el discurso de la diversidad, escondiendo renovadas políticas de homogeneización.
Desde un posicionamiento ingenuo promotor de la igualdad, se continúan
reduciendo las diferencias a características individuales naturalmente
conformadas, dando lugar a prácticas pedagógicas que proclaman el respeto a la
diversidad. Pero ¿quiénes son los
diversos? ¿Quién define la
diversidad? ¿Desde dónde lo hace?
Los
diversos son siempre los otros, definidos desde un modelo único y hegemónico,
lo que implica jugar con las reglas del juego establecidas previamente por el
grupo dominante. Se torna necesario develar estos eufemismos y poner en tensión la arbitrariedad de las nominaciones,
así como reconocer sus condiciones sociales de producción. En este sentido, la
diversidad expresa cierta ambigüedad, apelando a la tolerancia de las
diferencias.
En
este contexto, las prácticas pedagógicas
cotidianas reproducen estas creencias y actitudes que naturalizan modos de
ver y actuar constituyendo un sentido de la realidad. Sin embargo, y al mismo
tiempo, pueden aportar a la transformación hacia sociedades más justas y
democráticas.
En la Pedagogía Crítica de las
diferencias el hombre es pensado como un ser histórico, que es y se sabe inacabado e inconcluso, un ser
que está siendo en una realidad histórica también inacabada e inconclusa.
Características:
·
Nos impulsa a deconstruir las improntas y mandatos históricos que atribuyen al
docente sólo un rol de transmisor, generando vínculos de dependencia entre dos
personas, una que sabe y da y otra que no sabe, por lo tanto sólo puede recibir
y repetir. Desde este posicionamiento, definimos la enseñanza como “intervención docente solidaria”.
·
Supone la disponibilidad a tomar la
causa del otro –en este caso, alumno– como propia y poder colocarnos en el
lugar de ese otro.
·
Tiene por objeto brindar apoyo, ayuda
que favorece el tránsito de situaciones de dependencia hacia procesos de
reflexión, planificación y acción autónomos.
·
Genera capacidad de diálogo, de
reflexión crítica para definir y sostener decisiones responsables, para hacerse
cargo de la dirección de la propia conducta, coherentemente, con firmeza y
flexibilidad; es poder elegir los caminos transitados, estableciendo encuentros
con otros, hacia el crecimiento mutuo.
·
A través de la descentración y la
confianza dirigida y otorgada al otro, promueve el reconocer y reconocerse en
el otro, oponiéndose a la racionalidad monológica y recuperando la
intersubjetividad.
·
En las prácticas escolares cotidianas
hay también, a menudo, oportunidades de construcción diferentes.
·
Es posible habilitar trayectorias
alternativas; y la propuesta de la pedagogía emancipadora, como forma de
intervención en el mundo que promueve la concientización y se encuentra
vinculada directamente con la esperanza y la utopía.
·
La educación para la humanización invita
a dejar de estar siendo para otros, dejar de ser objeto y reconocer, reconocerse y reconocernos como sujetos protagonistas de
la liberación. Nos vincula con la esperanza, no como espera contemplativa
sino desde acciones y búsqueda constante de formas alternativas, de concreción
del proyecto utópico. Vivimos en un mundo lleno de informaciones sin la
capacidad de explicación, sin poder pensar dónde
estamos, quiénes somos, por qué somos, cómo somos.
·
Una educación que no sirva para
descifrar la situación de los hombres en el mundo, una educación que no sirva
para la desalienación, habrá servido para muy poco.
[I]
Fernández,
Marisa. Hacia una pedagogía de las diferencias des de los aportes de la
propuesta de Paulo Freire. En publicación: Paulo Freire. Contribuciones para la
pedagogía. Moacir Godotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson
Fernandes de Alencar (compiladores). CLACSO, Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales, Buenos Aires. Enero 2008. ISBN 978-987-1183-81-4 Disponible
en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/freire/31Ferna.pdf